jueves, 21 de noviembre de 2013

No te olvides de las niñas!

Como todas las mañanas, en el vagón no cabía ni un alfiler. El joven de la gabardina viajaba agarrado a la barra alta con la correa de su portátil clavándosele en el hombro. El micrófono acababa de anunciar Tirso de Molina y el hombre gordo que tenía justo delante se disponía a levantarse para salir. Con presteza, el joven consiguió sentarse en el asiento que acababa de quedar libre. Su rostro reflejaba la satisfacción de haberle ganado la partida al crio de la mochila que había pretendido sentarse antes que él. Tras dejar la bolsa del portátil entre las piernas, sacó su móvil y comenzó a escribir:
–Hacía tiempo que no pillaba un asiento en el metro.
– A estas horas es casi imposible –le contestó su mujer casi al instante.
–Ya – escribió.
Mientras miraba si tenía algún correo nuevo, sonó el aviso de mensaje nuevo:  
–Habrás visto que he dejado el desayuno sin recoger. Ni tiempo he tenido de pintarme. Se me pegan las sábanas todos los días.
–Lo recojo yo cuando vuelva. Hoy salgo a las dos – contestó él enseguida.
–¿Te pasas tú luego  a recoger a las niñas? Te recuerdo que hoy tengo dentista.
–Sí, sí. Me acordaba – escribió.
–Este sábado  cenamos con Pepe y su nueva pareja.
–Menudo rollo. Pepe es un pelmazo.
Y añadió una carita de sueño para suavizar la frase, pero es que no podía soportar a su cuñado.
– No nos queda más remedio.
–Pues me voy a perder el partido.
–Grábalo y lo ves el domingo.
–No es lo mismo.
–¿Te he dicho que han despedido  a Juan?- preguntó ella tras una breve pausa.
–No– escribió, y añadió una carita de sorpresa.
–Pues sí.
El micrófono del vagón anunció Noviciado. El joven había empezado a escribir que no le extrañaba nada, porque siempre le había parecido una persona poco trabajadora, pero lo borró al ver que su mujer volvía a recordarle que tenía que recoger a las niñas:
–que siii– escribió de nuevo, y añadió una carita con el ojo guiñado.
–Bye. Te veo luego.
–Ok
–Besos
–Besos– escribió él a tiempo que recibía un tremendo pisotón de la mujer que viajaba a su lado y que en ese momento se levantaba para salir precipitadamente del vagón.
Con gesto de dolor el joven levantó la vista de su móvil para seguir a la joven con la mirada. Ya en el andén, ella se quedó mirándole.
–¡No te olvides de las niñas! –le dijo ella a través de los cristales.
–¡que sí! – contestó él haciendo un gesto con la mano para tranquilizarla.
Y tras lanzarle un beso volvió a concentrarse en la pantalla de su móvil al tiempo que el tren salía de la estación.

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